Reserva Añihue
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2010/sep
Turismo y Ciencia: La gran apuesta de Añihue

Turismo y Ciencia: La gran apuesta de Añihue

Por Sebastián Montalva Wainer, desde Reserva Añihue, Región de Aysén.

Al sur de Chile, una reserva natural de 10 mil hectáreas apuesta a consolidar la próxima tendencia en viajes: mezclar turismo y conservación. Por eso, apoyan a científicos que estudian y cuidan su biodiversidad. Y uno, claro, puede ser parte de ese proceso.

Zarpamos de Quellón hace más de ocho horas. Hemos navegado toda la noche. La barcaza Alejandrina es peor que una micro amarilla. Huele a humedad y aceite quemado. Tiene varias filas de asientos destartalados, una suerte de cafetería donde no dan ganas de asomarse y—esto es inolvidable—un par de televisores que pasan a todo volumen, sin parar, unos compilados de rock de los años ochenta, con sus letras para cantar.

Debemos llegar a Añihue, una poco conocida reserva natural ubicada justo en la desembocadura del río Palena, con 10 mil hectáreas de superficie prácticamente intocadas: fiordos, bahías, bosques, montañas, aves, lobos, delfines, ballenas. Pero, antes, hay que alcanzar Raúl Marín Balmaceda, un diminuto pueblo que apenas se ve en el mapa y que—dice la historia—se llama así en honor a un senador chileno que murió de un infarto durante una sesión en el Congreso, en los años cincuenta.

La barcaza Alejandrina se ha movido con vaivenes infartantes. Pero ya estamos aquí y no sirve quejarse: estos parajes australes son, sin duda, para aventureros.

Al pisar las tierras de Raúl Marín, Felipe González (34), el hiperactivo anfitrión de Añihue, nos ayuda con los bártulos y los lleva hasta una lancha que aguarda en el muelle. En ella nos iremos por el único camino que existe hacia la reserva: el mar.

Felipe González enciende el motor de la lancha. Raúl Marín Balmaceda, la dichosa barcaza Alejandrina y los compilados de rock quedan atrás para siempre. Navegamos. Todo es verde: el mar, las montañas.

Tras unos quince minutos, un pequeño montículo de piedras que aparece junto a la costa nos indica nuestra próxima detención. Hemos llegado, finalmente, a su hogar: la Reserva Añihue.

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